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Historia de la Comunidad Judía en Barcelona PDF Print E-mail

Antecedentes históricos

Interior de la Sinagoga de Barcelona, saqueada el 1939 por las tropas fachistas

El documento catalán, más antiguo que hace referencia a los judíos en Cataluña data del siglo X, según el cual, el Conde Bofarull adquiere todas las tierras pertenecientes a los judíos muertos en Barcelona durante el asedio y posterior destrucción de la ciudad por el caudillo árabe Almanzor en el año 986.

A partir del siglo XIII las aljamas judías ya estaban organizadas en dos grandes comunidades: una, la del Principado que agrupaba a las poblaciones de Tortosa, Lleida, Girona, Barcelona y otras localidades medias; la segunda formada por las comarcas de Rosellón y Cerdeña, en la cual se agrupaban las poblaciones de Puigcerdá, Ena y Colliure, entre otras. La capitalidad de la comunidad del Principado estaba en Barcelona y la de la comunidad del Rosellón estaba en Perpiñán.

Los judíos catalanes de aquella época destacaron en matemáticas, física, alquimia, geografía, medicina y cirugía. Acuñaron la moneda barcelonesa y fueron tesoreros y alcaldes reales.

Los barrios judíos, que en el resto de la Península ibérica se denominaban aljamas, el cual es un vocablo de origen árabe, en Cataluña se llamaba calls. Hay quienes creen que esta palabra proviene del hebreo, kahal: congregación, pero más bien parece provenir del latín, callum: calle. El call de Barcelona ocupaba en el siglo XI uno de los ángulos de la ciudad romana y a mediados del siglo XII limitaba al este por la antigua calle de la Font (hoy Sant Honorat) y ocupaba parte del terreno en el que está actualmente el Palau de la Generalitat, llegando, al norte, hasta la calle Santa Eulàlia. Limitaba al oeste con la calle Banys Nous y al sur con el Castell Nou, en donde los judíos se refugiaban en momentos de peligro.

La judería tenía carnicería, panadería y cementerio propios.

La comunicación entre judíos y cristianos era total y libre durante el día, pero al llegar la noche, las puertas del call tenían que cerrarse.

En el siglo XIII, a raíz del Concilio de Letrán, se obliga a los judíos a llevar un distintivo visible cosido encima de la capa. En Cataluña, éste fue un redondel de color amarillo y rojo. A partir de entonces, el judío se transforma en un ciudadano diferente, fácilmente identificable y fácil presa de las iras del populacho. La convivencia se ve frecuentemente alterada por los actos de violencia antijudía.

Finalmente, en 1391, tras la campaña antijudía iniciada en Valencia por Vicente Ferrer, parte del pueblo barcelonés, ayudado por campesinos de los alrededores, inicia un ataque al Call el 5 de agosto, quedando totalmente destruido.

El año 1391 supone el inicio de la progresiva desaparición de las juderías catalanas, las cuales, debido a los progromos y a las conversiones forzadas van siendo implacablemente diezmadas. Finalmente, el decreto de expulsión de los judíos de la corona de Castilla y Aragón del año 1492 viene a cerrar un vasto y fructífero capítulo de la historia judía.

Tendrán que pasar cinco siglos hasta que de nuevo se forme una comunidad judía en Barcelona. Entre tanto, hay tímidos intentos por parte de algunos monarcas y políticos por fomentar el asentamiento de judíos del extranjero en la Península Ibérica. Los más destacables fueron los de Don Pedro de Varela y los del Rey Alfonso XII a finales del siglo XIX.

A finales del siglo XVIII, Don Pedro de Varela, ministro del Rey Carlos IV, se propuso robustecer la economía fomentando el establecimiento de comerciantes judíos de Holanda en Cádiz y Sevilla, para lo cual tenía que derogar el decreto de expulsión de 1492, pero el monarca no se decidió a dar este paso.

En 1802 hubo una nueva tentativa que fracasó. El ministro Godoy planeó la admisión de establecimientos judíos en Cádiz, mediante el pago de una cantidad de dinero que debía servir para costear la guerra contra Gran Bretaña. No lo logró y en 1808 se reafirma el decreto de explusión.

Si bien en la Península no había comunidades judías, en las posesiones españolas de Africa como Tetuán, Ceuta y Melilla sí las había y éstos podían comerciar con la Península pero no establecerse en ella.

En 1881, el rey Alfonso XII manifiesta su preocupación por la situación de los judíos en Rusia y dice “....... se recibirá a los hebreos procedentes de Rusia, abriéndoseles las puertas de la que fue su antigua patria”.

Un momento del minian de la oración de minkhà (a la tarde)

El Siglo XX

Ya iniciado el siglo XX, el rey Alfonso XIII, abuelo del actual monarca, intervino eficazmente a favor de los judíos de Bulgaria, Turquía y Palestina durante la Primera Guerra Mundial, otorgándoles la categoría de protegidos por España. Así, comienzan a instalarse de forma permanente en Barcelona judíos provenientes de los Balcanes, Turquía y posteriormente de Polonia y otros países centroeuropeos.

Los primeros estatutos escritos de la Comunidad de Barcelona, datan de 1918. En sus orígenes, la Comunidad de Barcelona era mayoritariamente de origen centroeuropeo, pero en 1921, debido a la guerra greco-turca aumentó la llegada de judíos de Turquía.

En 1928, la CIB alquila una torre en la confluencia de las calles Balmes y Provença, siendo éste el primer centro comunal judío en la España peninsular desde la Inquisición. Desde aquellas fechas hasta la actualidad, la vida comunitaria se desarrolla sufriendo las fluctuaciones de los acontecimientos mundiales.

En 1931 se adquiere un recinto para el cementerio comunal en el Cementerio Municipal de Les Corts.

En 1933, los judíos procedentes de Turquía son ya lo suficientemente numerosos como para crear una organización propia llamada Agudat Ajim (Asociación de Hermanos).

En 1936 estalla la guerra civil española. Si bien el gobierno de la República en ningún momento molestó a los judíos que no tomaron partido, muchos judíos barceloneses regresaron a sus países de procedencia.

Terminada en 1939 la guerra civil, grupos fascistas saquearon el centro comunal y profanaron la Sinagoga. A partir de aquella fecha, la vida comunitaria pasa a la clandestinidad, teniendo lugar sus actividades religiosas y sociales en casas privadas. Esta situación duró hasta 1946.

Durante la Segunda Guerra Mundial, en 1940, el gobierno autoriza el paso de refugiados judíos por la frontera de los Pirineos. Esto aumentó considerablemente la población judía de Barcelona.

 
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